16- LO QUE SUCEDIÓ UNA NOCHE EN PUERTO KAR La rodeaba, dulce, amorosa y sin collar, con mis brazos. —Mi Ubar —susurró. —Amo —corregí, besándola. —¿No preferirías ser mi Ubar antes que mi amo? —preguntó apartándose de mí. —Sí, lo preferiría. —Eres las dos cosas para mí. —Ubara —susurré junto al oído. —Sí, soy tu Ubara... y tu esclava. —No tienes collar. —Mi amo lo quitó para poder besar con mayor facilidad mi garganta. Pasé la mano por la espalda y sentí las cinco marcas del látigo que el jefe de cocina la proporcionara tan sólo unas horas antes. —A veces mi Ubar es un poco infantil. Abandoné mi puesto sin su permiso y, como es natural, me mandó azotar. —Me miraba sonriendo—. He merecido muchos castigos, pero...